Durante los primeros tres meses paseaba a mi bebe en brazos convencida de que era lo mejor, pero él lloraba mucho y yo volvía a casa con tremendos dolores de espalda. Cansada de la situación, mi madre me regaló una silla de paseo y descubrí que no sólo yo estaba más cómoda, sino también mi bebe que casi no volvió a llorar.
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